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Asesina

No quiero que regrese, suena cruel pero me alegra haberla matado.  Y si ella aún me puede leer o escuchar quiero decirle que no se acerque, que no vuelva más. Que el mundo cada día está peor y que su muerte ha sido un beneficio. Que ella no me hubiese dejado escribir este texto porque me hubiera hecho creer que no valgo nada, que no soy talentosa y que todo está mal.

Pues ella era el reflejo en el espejo que constantemente me hería y me hacía sentir insignificante. Me recordaba que lo que soy no era lo que los demás esperaban y me obligaba a cambiar, a odiarme.

Me escupía en la cara que nadie nunca iba a querer a una deprimida. Por eso decidí matarla, porque ese reflejo no era yo, esa no era mi esencia, ella era un objeto que me restaba amor propio.

Cuando ya no la tuve exigiéndome me sentí limpia, se borraron las manchas negras y las lágrimas atascadas en el alma y me besé la sonrisa en el espejo. Me abracé con mis cicatrices, con mis tristezas y  mis carcajadas. Me besé las marcas del corazón y me hice responsable de quererme.

Me senté en el café a disfrutar mi lectura y mi compañía. Conocí a alguien luego del proceso de amor propio y cuando me quisé, luego de esa cita, después de muchos años, lo más importante fue que… me dejé querer.

Y es que a veces, para ser una, hay que tomar riesgos aunque eso implique, a veces, llegar a ser una asesina.

 

A mi nuevo amor…

 

Ilustración: Sara Herranz

The 1975 de fondo, hasta ahora mi banda favorita, el frío quemándome los huesos y tú en mi mente. Yo tan acostumbrada al abandono que solo me había sentado a observar como se cerraba y se abría mi puerta,  saltaba de cama en cama y nunca me quedaba, pasaba evitando a toda costa el dolor.

Evitaba escribir, porque escribir me expande el alma y solo no podía exponerme a demostrarme sentimental, a demostrar mi inestabilidad emocional pero peor aún, mi inestabilidad mental porque soy como un sube y baja y no quería arrastrar a nadie conmigo.  Hasta que tú llegaste.

Mi bienvenida fue un adiós, porque antes de ti no sabía quedarme. Había olvidado lo que era que me quisieran pero sobre todo, había olvidado cómo era querer a alguien, amar a alguien de verdad, que se lo mereciera.

Perdón por el dolor, el irme y quedarme y luego irme de nuevo para después instalarme en ti para siempre. Te di todos los motivos para alejarte, es por eso que siempre estaré agradecida contigo por esperarme y por estar.  No te esperaba pero sin duda, qué bueno que estás acá conmigo porque eres lo que me faltaba.

Sentía como un disparo el roce amoroso de las yemas de tus dedos con mi piel, como cuando quieres tanto algo que te asusta, solo cerraba los ojos y sentía como toda fuente de protección que había construido en mí se desmoronaba lentamente ante tu sonrisa.

Te veo en el café esperando por mí, me ves, como sino existe nadie más y me pregunto cómo puede eso suceder, cómo puedes ver así a una desgraciada, cómo me puedes dar tanta paz.

No somos la perfección pero entre nuestras diferencias nos unificamos y hacemos de esto, loco e intenso también algo tierno, incluso entre la perversión de nuestras miradas al anochecer. Eres mi cordura y mi locura, vas conmigo en el sube y baja, no me dejas sola.

Disculpa el desastre, lo arreglaré pero, no te vayas, porque cada que cierro los ojos te siento, te veo, te encuentro, respiro tu olor y siento tu lengua acariciándome. A estas alturas sabrás que no soy perfecta pero por favor, no te vayas, que yo, que nunca había creído en nada, creo en ti.

Tú que me ves, escuchas mi anhelos y te ríes, tu risa, mi parte favorita de ti. Tú, mi parte favorita de mí.  Tú, a mi nuevo amor, gracias eternas por adentrarte en mí, por invitarme a arriesgarme y perder el miedo a querer.

No puedo negar que a veces aún aparece el miedo pero, no te vayas. No después de salvarme, no después de besarme, no después de jugar tus dedos con mi mano. Te prometo que sé amar y sé cuidar, no soy tan pésima en esto como parezco.

Uniré tus pedazos con los míos mientras enredamos nuestras pestañas entre todo el desorden que hay en mí y las ausencias, a ti, a mi nuevo amor, gracias por ilusionarme de nuevo y por ayudarme a entender que siempre que creí que no me iban a querer igual, tú me has querido mejor.

 

Antes

 

Ilustración: Sara Herranz 

No te culpo, yo con este cigarro entrelazado en mis dedos, los mismos que se chocaban con los tuyos en un encuentro desesperado y tierno. Aún muriendo también la llamo a ella, la anhelo. Y no me lo digás si sé de sobra que no hay nadie como ella y sus caderas de gitana, hipnóticas que le bailan a mi corazón, que lo alivian, que lo calman.

No te culpo, perfecta solución. También yo me siento cansada de andar. Yo también la sueño y sé que no son los sedantes, es la realidad la que me hace desearla. Pero vos. Vos arruinaste todo.  ¿Cómo no leíste esa última página de nuestro libro?, ¿cómo no me besaste esa noche?

Sos lágrimas y para mí seguís siendo amor. No era necesario que te fueras con ella si era yo quien te sabía de memoria, quien reconocía el carmesí en tus pómulos al no poder dejar de reír, cómo te fuiste con ella, si tu risa hacía florecer hasta a los girasoles.

Hasta la vida se ha dejado marchitar y desde entonces yo no te he dejado de escribir.  Yo no creía en el cielo ni en el infierno, vos lo sabés, pero mi necesidad de encontrarte hace que me den ganas de irme a cualquier lugar, a buscarte. El problema es que no soy tan cobarde como vos.

No te culpo. No viste cómo alumbraste mi camino y el de los que estaban a tu alrededor. No te viste como yo. Pido un fin de semana para flotar con vos y volver a saborear tu sudor, acaramelado como el iris de tus ojos.

No me viste esperándote durante tanto tiempo, no viste tu companía infinita haciéndome fuerte, haciéndome sentir invencible. No te viste puro, dulce. No encontraste tu desnudez reflejada en mí.  No viste que eras lo más lindo que había en este mundo, en mi mundo.

Nos quiero otra vez, antes de que ella te sedujera. Nos quiero a los dos siendo semillas, mejores amigos, entregándonos, hundiéndonos en la ablepsia de una intimidad única y explosiva, lamiendo tu piel eriza a consecuencia de la brisa.

Nos necesito, a los de antes. Antes de que cayeras en la tentación antes de tu incapacidad de pelear con tus demonios. Antes de sentirme, de verme y de saberme en una eterna soledad.   Tu ausencia me consume y tu recuerdo colorea la agonía de mi ser, haciéndome divagar en diferentes mundos hasta encontrarte.

No te culpo, todos anhelamos alguna vez el suicidio, no te culpo por enamorarte de una suicida y al final termimar yéndote con la muerte.

Antes, antes… antes de irte y dejarte volar con esa puta bala.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PD: Te extraño

 

Ilustración: Sara Herranz

¿Cómo no supiste que no era el momento? Ni antes ni nunca, sabías el poder que tenías y decidiste dejar de luchar, pero también supongo que desde lejos todo es mejor y entiendo que te cansaste.  Te cuento que acá todo se derrumbó.

Recuerdo lo feliz que éramos, risas y amor por todos lados.  Intenté seguir así por mucho tiempo, cambié mi forma de pensar y rezaba por la noche y en el día, te juro que lo hacía como tú me enseñaste, lo hacía como me decías que funcionaba pero creo que solo tú tenías esa magia de que tuviera frutos porque aquí las cosas siempre empeoraban.

Supongo que donde estás todo va muy bien, te has de sentir mucho más tranquila, estás donde te gusta y te libraste de todas las quejas y las locuras que teníamos acá, eso sí que me alegra.

El problema es que ya no encuentro quién me diga si lo que hago está bien o mal y por más que lo intento no logro averiguarlo por mí misma,nunca he sido una buena estudiante y ya no soy una buena hija ni hermana y hace mucho que no sé si soy buena novia. Pero te prometo que no es intencional, intento hacer lo mejor que puedo.

Te cuento que el mundo cada vez está peor, con decirte que acá deciden a quien está bien querer y a quién no. No cuidamos el lugar donde vivimos y siempre hay una razón para crear la guerra, cada vez hay más niños pobres en el mundo y hasta la Madre Naturaleza está harta de nosotros.

Si estuvieras acá estarías orgullosa de mí, porque por más que lo intento mi mamá muy pocas veces lo está y no la culpo. Yo siempre he tenido fe, creía que las cosas iban a mejorar y aunque parezca absurdo lo sigo pensando aunque no mejoren.

La tristeza me ha estado consumiendo más de lo normal, había perdido la inspiración y las ganas, ya sabes como soy que cuando no quiero nada no hay que me convenza, pero pienso en ti y mi corazoncito se me ablanda un poquito, para mí siempre estás, para mí nunca te has ido.  Poco a poco me he dejado de sentir tan triste, conocí a alguien…igual de completa que yo.

La verdad te quería decir que aunque estás en el cielo, en este infierno yo te extraño e intento seguir tus pasos y buscar el amor en donde pueda. Que siempre intento buscar razones aunque a veces sea difícil. La mayoría de las veces me siento tan desubicada un dia despierto sientiéndome la mejor y al otro la peor. Solo espero no ser la única y así como solo espero que solo sea un crisis juvenil.

Yo todos los días te pienso y desearía que estuvieras acá, que almorzáramos todos juntos incluso que estuvieras en mi lugar también quería que supieras que por supuesto que siempre te envidio porque a mí hasta la muerte me huye.

 

Lo que no te dije

 

Ilustración: Sara Herranz

Diferencias que no tenían sentido cuando vos y yo nos juntábamos. Nuestras manos tenían ya sus propias conversaciones por como se amaban, se rozaban y hasta se acariciaban de una manera loca pero con sumo amor.  Vos y tu sonrisa, maldita sonrisa perfecta que entre besos me hacía volar.

La felicidad nos tenía envidia y el amor se sentía humillado con lo que nosotros teníamos. Yo necesitaba tu timidez y tu paz para calmar mi locura y vos necesitabas mi manera desenfrenada de vivir, vos necesitabas mi manera escandalosa de reír y de llorar.

Vos el orden, yo el desastre. Vos reservado y yo, atrevida y expuesta. Estábamos enamorados y con vos el amor era sobrenatural todo ese dolor que me caracteriza vos lo apaciguabas.  Te veía casi todos los días y todos eran diferentes. Con vos yo me sentía invencible, tu amor me hacía visible, me fortalecía. Te miraba por placer, por amor, por necesidad.

Recuerdo como si hubiera sido ayer cómo bailábamos o mejor dicho, cómo te guiaba al bailar. Me recuerdo que te dejaba notas por todos lados, que te besaba hasta el alma. Nunca nadie me ha visto como vos. Nunca nadie me ha sonreído así después de darme un beso.

Yo no sé del amor, yo solo sé lo que vos me hacías sentir y me es suficiente para saber que en ese estado, yo, la intelectual, dejé de serlo para concentrarme en navegar con vos por cada espacio de tu corazón y de adentrarme tan profundamente para enamorarte. Tenía la necesidad de que me amaras como yo a vos.

Amaba ser yo, la transparencia de mi ser, de mis pensamientos, de mi físico y de mi corazón de principio a fin nunca fue limitada a tu lado y por eso, siempre voy a estar agradecida. Y vos lo sabías, que no importaba nada, yo te apoyaba en lo que quisieras, sabías que también podías ser vos, sabías que yo iba a estar ahí.

Sabías que me podías, que te anhelaba, que te soñaba. Sabías que eras vos siempre, no importaba qué y yo, yo siempre supe que era yo a pesar de tus equivocaciones, era imposible, completamente imposible que encontraras otros ojos en los cuales verte como en los míos.

Lo arruinamos, nos dejamos arruinar. Quizá tuve que haberte dado más amor, o mejor aún, tuve que haberte dicho que cuando no estabas cerca se me cortaba la respiración, que si vos no estabas seguía siendo completa pero insegura, débil y miedosa.

Que necesitaba la fuerza de tu amor para mantener mi alegría natural, que tu corazón era el más chulo, así, como vos ya sabés que hablo. Que no me gustaba gritar sola, que me gustaban tus manos, que tu olor me enloquecía y que tu compañía al bailar me hacía feliz, quizá así no hubieses buscado eso en nadie más porque yo te lo hubiera dicho.

Cuando te fuiste comencé a escribir pero me topé con el grave problema de puntuación que a pesar de tanto tiempo no logro manejar y que vos me hubieses ayudado con eso entonces iba yo a pensarte otra vez. Que tengo miles de poemas de amor y que vos sos el motivo. Que me doliste, me dolés y me vas a doler toda la vida. Que te encontraba en todo lo que hacía, en todo lo que veía y en todos los lugares que frecuentaba.

Tal vez cuando nos morimos se me olvidó darte las gracias por enseñarme a tildar, por regalarme libros, por los pastelitos, por no haberte desesperado mi arrogancia, mi falsa superioridad y el querer hace de cualquier situación una revolución. Se me olvidó agradecerte el amor, por la delicadeza, el cuidado.

No te dije que desde que no estás solo escucho música triste, que leo más libros y que vivo buscando la manera de perderme de la realidad que esconde tu ausencia, que me dejaste una soledad tan profunda que la amarré en mi ser; el mismo que ahora escondo entre líneas deseándote a vos como mi único lector.

Me embriago en el recuerdo de tu olor, creo versos pensando en tus labios, en tu piel tan acogedora, que me ahogo en las lágrimas de mis personajes pensando en vos, no te dije que iba a perder la alegría, no te dije que iba a ser más yo pero que sin vos perdía el sentido.

Te hubiese pedido que si no era para siempre no fuera tan intenso. Te llevaste mis ganas de volver a querer, te llevaste el amor que incluso te tenía a vos y me dejaste el miedo. Me quedé con lágrimas, acostumbrada a amar como amé en tu universo. Te hubiese pedido que me advirtieras que me ibas a doler, que me enseñaras a vivir sin tus pestañas rozando mi mejilla, sin tus yemas acariciando mi cuello.

Me hubieses dicho que te iba a odiar porque solo se odia lo que se ama con locura. Me hubieses advertido de tu espera para no arrancarte ahogada en llanto. Me hubieses dicho que nunca te iba a olvidar. Me hubiese dicho que el café me iba a recordar a vos y que por eso iba a terminar siendo adicta.

Me hubieras dicho lo que sospechabas; que mi destino eran las letras y que vos ibas a vivir en ellas.

Lo que no te dije fue que en este texto te dejo como una marca en mí, que en este texto te he llorado más, lo que no te dije fue que lo que escribo lo llevo por siempre conmigo y que te prometo que esta es la última vez que te lloro, que esta es la última vez que te fumo…y que recordés que acostumbro a romper promesas.