Visítame cuando seas pájaro

Tenía la silueta del recuerdo rota. El desorden de la vida arañaba sus pasos. Qué delicado el baile de abrazos antes del adiós. El recuerdo de la habitación con todos nosotros embriagados de las guerras que habitaban en el interior. Con Silvio Rodríguez de fondo <Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo> cantábamos con el sentimiento de un amor perdido o del que queríamos haber perdido para poder beber mejor la canción.

Nos recordabas siempre al anuncio aquel de Bimbo, con el cabello afro, donde en cada rizo se encontraba un pedazo de alegría. Un grupo de jóvenes miserables éramos, o creíamos que eso éramos, quizá dimos por sentado tu presencia, tu sonrisa, tus bailes y tu habilidad de fumar un cigarro tras otro mientras bailábamos en la grama o sobre la mesa, llenando de risas el instante. No dejo de recriminar mi ausencia y mi ambición por lo que todos llamaban diversión. No dejo de recriminar mi ausencia. Mi olvido. Mi abandono.

Me ocupé por agradar a otros y me olvidé de quienes me han acompañado siempre sin cuestionar nada de lo que soy ni de lo que llevo dentro. Y te fallé, me fui. Me fui porque creí que al regresar todos iban a estar ahí. Qué irónico el repudio constante del pueblo que aborrece la vida, de la existencia, de los pequeños males que duran solo semanas. Qué irónico como le somos tan indiferentes al delirio que trae la muerte. Al dolor de quién está a punto de abandonar los jardines de sonrisas que solo se encuentran en esta vida irreal.

Se habla de la importancia de dejar ir pero, nadie habla de la importancia de volver. La necesidad del recuerdo, de volver a las personas que han sido un lugar de abrigo, de la gente que se debe atesorar porque luego tocará verla irse. Entender que el lugar del amor nunca va a ser mantenerlo reprimido. El amor se da a todos los que nos provocan una mínima chispa de paz porque nos están compartiendo un pedacito de su vida, esa que se quedará eternamente con nosotros.

Deseo que te convirtás en pájaro y te acerqués sigilosamente a mi ventana, que me veas y me traigás otro pedacito de tu nueva vida. Deseo que te convirtás en pájaro que disfrutés de las flores, de los bichos. Deseo que te convirtás en pájaro, que rocés las nubes y te devorés la serenidad del atardecer. Deseo que te convirtás en pájaro, deseo que seás eterno.

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