Profunda muerte

A mí siempre se me ha querido poquito. En silencio. Sin que nadie se entere. Sin que nadie vea. A mí siempre se me quiere al tiempo de una canción, por eso prefiero escuchar las lentas, las aburridas. Así quizá dura un poco más la estadía de aquellos a quienes su amor anhelo. No quiero que nadie se vaya, pero tampoco quiero obligarles a que se queden. Restos de cristales engendrados en el silencio de mis suspiros, de mis halagos, de mi intenso amor. Todas las noches ante los dioses, antes las estrellas, ante los cielos, ruego no ser eterna, ruego que el tiempo se acabe. Es tormentoso reconocerme. Es tormentoso ver cómo se dibuja el ruido con esta voz que ya no quiere sonar.

En realidad yo soy una mujer débil. Quiero ser la oscuridad de la luna, no quiero su luz, no quiero que nada me alumbre, no quiero que el mundo vea estos ojos rotos. No quiero espejos. Estoy agotada de esta mente, estoy agotada de dar vueltas en ella, estoy agotada de estas historias, de estas mentiras. Quiero que las venas exploten, que el mar me lleve, me ahogue y me silencie. La locura me ve lejana y me abraza, se apiada, me besa, me abraza y como todos, se va. Mi mente me destruye, aparecen los demonios más simpáticos y los más destructores, danzan, lloran y gritan todo el tiempo. ¿Cómo se controla una mente? ¿Cómo dejo de pensar? ¿cómo pienso para que deje de doler? Quiero recostarme en el regazo del alivio. Quiero respirar sin agujeros en la existencia, sin vacíos. Quiero llorar y llorar y llorar con un beso en el corazón. Quiero que alguien tenga miedo a quererme, mucho miedo pero igual me quiera, porque no hay acción más sincera que la que nace del miedo. Las criaturas me aseguran que estaré bien, ¿por qué piensan que quiero estarlo? Si el dolor es la única seña de que he amado y a mí siempre me quieren en la suspensión, en el reemplazo, en el dolor, en la ausencia. Pero ¿acaso yo he querido como lo han pedido?

Mi consuelo tiene rasgadas las entrañas. Melodías oscuras y absurdas resuenan en el templo de mi sentir. La palabra es mi refugio. Mis lenguas raspan los valles de rechazo que navegan verdosos en mi nombre ¿cómo se puede sentir tanto sin sentido? ¿por qué no corres hacia mí, muerte mía? A ti te amaré, a ti me entregaré. Los precipicios son un vicio para los suicidas, el amor es el mío. Pero no quiero lanzarme, me siento bien en la orilla de él. En donde aún no caes, ni topas contra el pavimento para quebrarte, pero sientes la brisa, el viento fuerte te mueve, las cadenas solo enredan el corazón y ahí tan cerca del cielo, descubro que mi alma es un poema sin verdad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s