Noche eterna

Gloria se suicidó. Porque así es la vida. Porque nunca la pude ayudar. Porque no sabía tampoco que yo también estaba al borde del abismo. Se quitó la vida por habitar en este país en donde el odio es el protagonista de aquellos que no pueden aceptarnos. Se suicidó porque este sistema no nos protege, porque no sabía que sus letras me salvaron. Que he pasado días y noches enteras aguantando el dolor y cuando la leí dejé de sentirme sola. Pero ella qué iba a saber que sin quererlo ni pensarlo; me amó.  Así como te aman los amigos, así como ella tanto deseaba que la amaran.

Ya había escuchado noches anteriores que entraban hombres y al cabo de unos minutos, le gritaban “marica de mierda” y somataban la puerta al marcharse. Desde mi cuarto escuchaba los sollozos de Gloria. No sé por qué nunca fui a consolarla, quizás yo también sentía miedo.

Regresé a nuestro lugar luego del velorio. El vestido colgaba de una sercha oxidada detrás del closet, las lentejuelas verdes y azules crean un efecto precioso con la luz. Se hubiese visto tan linda, la imagino con su cabello negro y largo, sus cejas gruesas y el vestido rozando elegantemente sus muslos. Me lo pruebo para esta noche, y dejo que Manuel me maquille. Me llena de colores tierra los párpados y mientras me abrocho esos zapatos brillantes que tanto me gustan. Siento que llevo a Gloria conmigo que voy a hacer de esta noche un tributo por su valentía, por las letras que tanto escribió y que solo a mí me leyó. Un tributo en honor a lo que ella siempre quiso ser: escritora, pero que este mundo y esta vida que le tocó vivir no le permitió cumplir.

Subo al escenario, con el vestido de Gloria, con sus sueños y los míos. Todos tenemos un lugar en el mundo y el de nosotras definitivamente era sobre un escenario. No importaba nada, habíamos vencido el odio de nuestra propia familia, de nuestros amigos, de la gente que nos rodeaba y de los hombres que nos besaban. Todo para llegar hasta acá con nuestros vestidos de lentejuelas, labios rosas y pelucas extravagantes de todos los colores. El reto de aceptar ser rechazada una y otra y otra y otra y otra vez me dio la valentía de hacer esta noche solo nuestra.

Empieza la música y siento que soy infinita. En cada uno de mis pasos recuerdo los momentos en los que la admiré además de que nos quisimos mucho, que iniciamos este camino juntas. La gente me ve, me aplaude, baila y canta conmigo. Se besan, les regalo, en tu honor, minutos de felicidad. Y en el fondo de este paupérrimo y triste cabaré vuelvo a encontrarme con tu ausencia con ese dolor que se penetró en mí.

Entro al camerino y me veo al espejo. Qué invento tan abrumador, otros ojos más que me observan. Le doy play a nuestra canción y empiezo a cantar con todo el dolor El baile y el salón“. Me despojo del maquillaje, la peluca y el vestido y me reconozco ante el espejo como lo que el mundo me impuso que soy, un hombre. Un hombre como Gloria lo fue, como lo que Gloria tampoco quería ser. Se reflejan mis cejas gruesas como mis labios. Tengo arrugas en los párpados, y una mandíbula rectangular. Canto. Recuerdo perfectamente las veces que me decías que el amor es bailar.

Ya voy a tu encuentro, me bebo ese bote de pastillas que tú bebiste. Y así bailando quiero que me hagas el amor, de hombre a hombre Voleuz-vous coucher avec moi, es lo último que escuchan mis oídos.

 

1 comentario en “Noche eterna”

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