Lo que no te dije

 

Ilustración: Sara Herranz

Diferencias que no tenían sentido cuando vos y yo nos juntábamos. Nuestras manos tenían ya sus propias conversaciones por como se amaban, se rozaban y hasta se acariciaban de una manera loca pero con sumo amor.  Vos y tu sonrisa, maldita sonrisa perfecta que entre besos me hacía volar.

La felicidad nos tenía envidia y el amor se sentía humillado con lo que nosotros teníamos. Yo necesitaba tu timidez y tu paz para calmar mi locura y vos necesitabas mi manera desenfrenada de vivir, vos necesitabas mi manera escandalosa de reír y de llorar.

Vos el orden, yo el desastre. Vos reservado y yo, atrevida y expuesta. Estábamos enamorados y con vos el amor era sobrenatural todo ese dolor que me caracteriza vos lo apaciguabas.  Te veía casi todos los días y todos eran diferentes. Con vos yo me sentía invencible, tu amor me hacía visible, me fortalecía. Te miraba por placer, por amor, por necesidad.

Recuerdo como si hubiera sido ayer cómo bailábamos o mejor dicho, cómo te guiaba al bailar. Me recuerdo que te dejaba notas por todos lados, que te besaba hasta el alma. Nunca nadie me ha visto como vos. Nunca nadie me ha sonreído así después de darme un beso.

Yo no sé del amor, yo solo sé lo que vos me hacías sentir y me es suficiente para saber que en ese estado, yo, la intelectual, dejé de serlo para concentrarme en navegar con vos por cada espacio de tu corazón y de adentrarme tan profundamente para enamorarte. Tenía la necesidad de que me amaras como yo a vos.

Amaba ser yo, la transparencia de mi ser, de mis pensamientos, de mi físico y de mi corazón de principio a fin nunca fue limitada a tu lado y por eso, siempre voy a estar agradecida. Y vos lo sabías, que no importaba nada, yo te apoyaba en lo que quisieras, sabías que también podías ser vos, sabías que yo iba a estar ahí.

Sabías que me podías, que te anhelaba, que te soñaba. Sabías que eras vos siempre, no importaba qué y yo, yo siempre supe que era yo a pesar de tus equivocaciones, era imposible, completamente imposible que encontraras otros ojos en los cuales verte como en los míos.

Lo arruinamos, nos dejamos arruinar. Quizá tuve que haberte dado más amor, o mejor aún, tuve que haberte dicho que cuando no estabas cerca se me cortaba la respiración, que si vos no estabas seguía siendo completa pero insegura, débil y miedosa.

Que necesitaba la fuerza de tu amor para mantener mi alegría natural, que tu corazón era el más chulo, así, como vos ya sabés que hablo. Que no me gustaba gritar sola, que me gustaban tus manos, que tu olor me enloquecía y que tu compañía al bailar me hacía feliz, quizá así no hubieses buscado eso en nadie más porque yo te lo hubiera dicho.

Cuando te fuiste comencé a escribir pero me topé con el grave problema de puntuación que a pesar de tanto tiempo no logro manejar y que vos me hubieses ayudado con eso entonces iba yo a pensarte otra vez. Que tengo miles de poemas de amor y que vos sos el motivo. Que me doliste, me dolés y me vas a doler toda la vida. Que te encontraba en todo lo que hacía, en todo lo que veía y en todos los lugares que frecuentaba.

Tal vez cuando nos morimos se me olvidó darte las gracias por enseñarme a tildar, por regalarme libros, por los pastelitos, por no haberte desesperado mi arrogancia, mi falsa superioridad y el querer hace de cualquier situación una revolución. Se me olvidó agradecerte el amor, por la delicadeza, el cuidado.

No te dije que desde que no estás solo escucho música triste, que leo más libros y que vivo buscando la manera de perderme de la realidad que esconde tu ausencia, que me dejaste una soledad tan profunda que la amarré en mi ser; el mismo que ahora escondo entre líneas deseándote a vos como mi único lector.

Me embriago en el recuerdo de tu olor, creo versos pensando en tus labios, en tu piel tan acogedora, que me ahogo en las lágrimas de mis personajes pensando en vos, no te dije que iba a perder la alegría, no te dije que iba a ser más yo pero que sin vos perdía el sentido.

Te hubiese pedido que si no era para siempre no fuera tan intenso. Te llevaste mis ganas de volver a querer, te llevaste el amor que incluso te tenía a vos y me dejaste el miedo. Me quedé con lágrimas, acostumbrada a amar como amé en tu universo. Te hubiese pedido que me advirtieras que me ibas a doler, que me enseñaras a vivir sin tus pestañas rozando mi mejilla, sin tus yemas acariciando mi cuello.

Me hubieses dicho que te iba a odiar porque solo se odia lo que se ama con locura. Me hubieses advertido de tu espera para no arrancarte ahogada en llanto. Me hubieses dicho que nunca te iba a olvidar. Me hubiese dicho que el café me iba a recordar a vos y que por eso iba a terminar siendo adicta.

Me hubieras dicho lo que sospechabas; que mi destino eran las letras y que vos ibas a vivir en ellas.

Lo que no te dije fue que en este texto te dejo como una marca en mí, que en este texto te he llorado más, lo que no te dije fue que lo que escribo lo llevo por siempre conmigo y que te prometo que esta es la última vez que te lloro, que esta es la última vez que te fumo…y que recordés que acostumbro a romper promesas.

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