Parálisis de la Vida

Soñé que tenía diecinueve años, me sentía perdida, no reconocía a las personas y las miraba con máscaras, evitando ser descubiertas. Me saludaban y sentía esa energía de desprecio hacia mí, quizá por ser nueva en este mundo, en esta edad.

Todo era muy extraño vivía en un país tercemundista, vivíamos en crisis económica pero sobre todo en una crisis humana increíble. Los niños trabajaban porque no había estudio para ellos o por lo menos no para los pobres y los que iban a la escuela no tenían maestro dispuesto a enseñarles. Los refugios seguros daban como fruto niñas muertas.

Proponían una ley  contra las personas que estaban dispuestas a amar pero por ser del mismo sexo no podían hacerlo porque resultaba ofensivo para la sociedad y sobre eso prohíben el derecho y la obligación del conocimiento sexual a los adolescentes. Claro, era para nada ofensivo atropellar a trece estudiantes que protestaban porque debían hacerlo, porque era su obligación como jóvenes que buscan un país mejor, que exigen su derecho de estudio.  El odio no era indignante, el odio no era despreciable para esa sociedad.

Soñé cómo un grupo de personas que no habían logrado en su vida nada por ellas mismas se empeñaban en, a mis espaldas, intentar destruir mi integridad y como se obligaban a creer que lo que hacían era lo correcto y como otras solo guardaban silencio ante la injusticia. Un par de supuestas feministas formaban parte del mismo pero la práctica de la sororeidad era escasa en su creencia, doble moral.

Doble moral, esas eran las dos palabras que más describían el mundo en donde me encontraba en esos momentos, en donde si un pobre roba un pan está condenado a muchos años de cárcel pero si el Estado asesina a 43 niñas todos los que forman parte de él siguen en libertad.  Un país cínico donde quienes más comentan y opinan sobre lo que pasa son personas que nunca han sufrido y no se imaginan lo que es tener una necesidad y peor aún, lo hacen detrás de una pantalla.

Vivía en un lugar en el cual ser sensible era un defecto, donde no nos conocíamos o creíamos que nos conocíamos mucho solo por haber aceptado una solicitud de amistad pero debíamos publicar cosas del agrado de los demás, de los que vivían pendientes a lo que hacemos con nuestra vida sino era de su agrado podíamos decepcionarlos. Síndrome de Esclavitud Cibernética.

Había perdido un sueño y los demás se rieron de mí, se alegraron de mi fracaso fingiendo ser superiores y por un momento, tan solo por un momento lograron su objetivo pero luego recordé que yo sí tenía metas y que una derrota no iba a cambiar mi rumbo.

Este sueño desde el primer momento se volvió una pesadilla aunque tuve la esperanza de que iba a cambiar, pero no. Estaba en esa etapa en donde una se siente sola e impotente al ver todo lo que sucede alrededor, estaba suspendida en el tiempo pero todo lo que me rodeaba seguía su curso, su rutina y solo observaba me sentía como en una parálisis del sueño pero aplicada a mi vida diaria.

Finalmente desperté; tengo diecinueve años.

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